Una cosa son las discusiones en las relaciones de pareja, que pueden surgir a raíz de situaciones en las que no se pueden poner de acuerdo las dos partes, o donde los celos se manifiestan. Pero, aunque recurrentemente, las discusiones pueden desembocar en el desgaste de la relación, no son determinantes. Lo que sí es determinante, es una crisis.

En una crisis de pareja, el factor psicológico y el factor emocional, juegan un papel preponderante, y sólo hay dos caminos posibles: separarse o solucionarlo y seguir. Sin embargo, las crisis, recurrentemente, dejan secuelas que podrían ser causantes de una nueva crisis, más adelante.

Cuando alguien pregunta por qué surgen las crisis de pareja, evidentemente, hay muchas respuestas. Las razones pueden ser múltiples y complejas. Las crisis de pareja comienzan siendo un proceso individual que en algún momento se manifiesta abiertamente a la otra parte, sin embargo, en ese camino individual, hay una serie de comportamientos que permiten sopesar que algo no está bien.

Por qué surgen las crisis de pareja

Una crisis de pareja, es una situación en la que se involucran emociones y procesos psicológicos, en una exacerbación de energía que, incluso, repercute en la salud física, además de cambiar la perspectiva de futuro.

Se origina por desamor, desgaste físico y emocional, a causa de sucesivas confrontaciones, coyunturas, infidelidades, incomodidades por incompatibilidad, economía familiar, etc., esto significa que las causas del origen de una crisis pueden ser muchas, envueltas en un manto de complejidad difícil de comprender en toda su dimensión. Entre los orígenes de la crisis de pareja más comunes se pueden mencionar los siguientes:

  1. Economía del hogar.

La situación financiera en el hogar, puede llegar a afectar la relación de pareja. Esto, por supuesto, no pasa con todas las parejas. Pero las hay, que ante la falta de recursos económicos para cubrir de manera óptima todas las necesidades, se sienten afectados ante la incertidumbre económica, a tal punto que estallan conflictos que propician una ruptura emocional importante y con ello, un resquebrajamiento de la convivencia. Esta circunstancia, puede generar desamor, que es la causa fundamental de las separaciones.

La incompatibilidad puede, en un principio, no ser causa de conflictos, pero con el paso del tiempo este aspecto se agrava, comenzando las discusiones de pareja.

Choques de vez en cuando en la pareja con reconciliaciones, lo que puede desembocar en un desgaste físico y emocional de ambos. La incompatibilidad es, en concreto, falta de empatía, por ejemplo: a él le gusta ver televisión hasta la madrugada y ella impone que todos deben irse a la cama temprano, o al revés.

Otro ejemplo, a ella le gusta recibir la visita de sus amigos en casa y él no está de acuerdo, haciendo lo posible para que la visita no se lleve a cabo e impulsando discusiones para que la otra parte desista de la idea de recibir la visita e incluso, de seguir en contacto con dichas amistades. Así, muchas otras situaciones en las que la incompatibilidad genera discusiones de parejas que indiscutiblemente determinan el futuro en conjunto.

La infidelidad es una causa muy común y las razones que la conllevan pueden ser muy personales. Una infidelidad trae un conjunto de elementos, como: las mentiras, deshonestidad y el irrespeto. Es considerada una traición y desemboca en una de las crisis, que no se supera, porque las secuelas: desconfianza, odio, van a seguir manifestándose, independientemente, la decisión posterior sea seguir juntos o separarse.

  1. Mucho trabajo, poco tiempo libre, la misma rutina y el estrés.

Cuando una parte de la pareja se siente desatendida, se ve inmersa en una rutina interminable, pasa el tiempo y no hay nada nuevo que explorar, el estrés constante de su pareja genera discusiones, siempre uno de los dos está de mal humor, sin duda, se está experimentando la antesala a una crisis de pareja de dimensiones desconocidas.

La situación social y económica en la actualidad, mantiene inmerso a un número significativo de personas, en situaciones de estrés, ansiedad, depresión y cansancio, y de no haber comprensión de la situación y voluntad para resolver el contexto, efectivamente, la crisis será inevitable.

La ruptura de la pareja

La ruptura es el final. Hay una diferencia entre separación y ruptura. En la separación existe la perspectiva o posibilidades de una reconciliación, en cambio la ruptura es el quiebre, se podría decir, que no hay vuelta atrás.

En un matrimonio, existen, el vínculo religioso, en caso de haberse casado por la iglesia, y el vínculo legal, el divorcio es un proceso judicial para disolver ante las instituciones, el vínculo matrimonial (legal), pero un divorcio, no significa una ruptura, al menos que emocionalmente exista una ruptura significativa que constituya el no retorno.

El divorcio lo determina una crisis de pareja, o un conjunto de ellas a lo largo de convivencia. La ruptura de una pareja de hecho, al igual que el vínculo legal del matrimonio, genera una situación judicial importante, y quitarse el título de “pareja de hecho”, es una razón para determinar que existe una ruptura.

Qué hacer para solucionar una crisis de pareja

Existen un número importante de textos que ofrecen alternativas para solucionar una crisis de pareja, sin embargo, existen dos aspectos que son fundamentales:

Primero: la comunicación. Si existen razones a favor, para continuar con la relación. Es necesario tener una conversación bajo criterios de madurez y respeto que podría desembocar en acuerdos que sirvan de puente hacia una solución efectiva de la situación.

Segundo: determinación. Querer irse o quedarse es un asunto de personalidad y determinación. Buscar soluciones para salvar el vínculo amoroso y la pareja, es determinación. Una persona que sabe lo que quiere y evalúa su situación individual, además de las oportunidades y ganancias personales que obtiene de la unión con la otra persona, es determinación personal. Por lo tanto, solucionar una crisis de pareja es una asunto de dos, pero la voluntad es lo que puede inclinar la balanza entre irse o quedarse.